No
te resistas, alma pura,
pues
en tu cielo nunca habita
piedra
ninguna, alma de espuma,
amor
de espuma.
Un
cielo gris de alondras grises,
una
mirada, una estampida
de
fieros siervos de lo bello,
entre
los albores.
Los
labios prietos cederán,
a
la presión de los claveles,
entre
un manto de caricias
y
de palabras.
Un
ariete sonrosado,
de
suaves carnes de metáfora,
llama
a la puerta de un castillo submarino,
y
le responden…
Y
yo por siempre recordaré,
lo
que un día fue para mí,
la
vida entera en un instante
de
piel cálida..
Nunca
en mi alma curará,
la
bella cicatriz de azul recuerdo,
de
aquella amiga de la noche
y
de lo tenue…
La
abierta herida de ultratumba,
que
solo cierra si está vivo
el
sentimiento de aquel beso
del
que soy padre.
Y
yo por siempre reviviré,
el
bosque ambiguo de la historia,
de
aquel instante arbolado.
El bosque en un beso
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